Escribe Carlos Arredondo, publicado en Diario Cambio de Salto el martes 23 de junio de 2026
Reconozo que para muchos – cada vez menos, por suerte – lo que voy a compartir con ustedes hoy, será motivo para que no termine de leer esta columna. Lo que no sería ninguna novedad ya que soy perfectamente consciente que cada entrega de esta columna hay alguien que no llega al final, y aunque no es una lógica plausible para alguien dedicado al periodismo -no me jacto de ellos -, la escritura incómoda tiene eso.
Quienes me hacen el honor de leer estas columnas sabrán que los temas que aquí se abordan son eso: Incómodos. Y los elegimos porque estamos aferrados al viejo principio del periodismo, aquel que indica que esta actividad es una herramienta social para el debate, el crecimiento, la reflexión, el análisis, asuntos que luego nos llevarán a la construcción de una sociedad más ajustada a lo que todos anhelamos.
Pero claro, no podemos esperar llegar a buen puerto si partimos de bases incompletas, pues la realidad es un enorme puzle que solo se completa cuando todas las piezas están en su lugar: Las cómodas y las incómodas…Y señalar a las estelas que dejan los aviones «a chorro» como estelas químicas que se rocían deliberadamente en los cielos de todo el mundo con fines perversos, es una pieza incómoda, y quizás por eso la gran mayoría prefiere ignorarla.
De todas maneras, ya no es novedad para nadie que estas estelas son cada vez más frecuentes -se ven todos los días – y han aumentado su número. Lo que debería verse – según el relato oficial – de acuerdo a determinadas condiciones climáticas y atmosféricas, ahora se ven durante cualquier condición y han pasado a ser parte del paisaje celeste, y lo que es peor, ya no se disipan rápidamente, al contrario; llegan para quedarse… y se quedan.
Pero este fin de semana, quienes están detrás de estas fumigaciones, pareciera que se mostraron ansiosos porque de una vez por todas nos demos cuenta de lo que hacen. Es como que pegaron un grito: ¡¡¡DEJEN DE SER TAN NABOS Y DENSE CUENTA DE LO QUE ESTAMOS HACIENDO, CARAJO!!! (Bueno, el «carajo» no sería de ellos…uds. me entienden). Es que de acuerdo con el grado de alevosía que hicieron la tarea este fin de semana, no se puede pensar otra cosa. Resulta que, en prácticamente todo el país, así como en varias provincias de la República Argentina la tarea de fumigación de personas fue realizada en círculos, lo que hizo que las líneas se vieran como si estuvieran dibujando un rulo en los cielos. Desde Salto, Paysandú, Canelones, Mercedes, Colonia Valdense, Rocha, Treinta y tres, Tacuarembó y varios más, llegaron reportes -con fotos y videos incluidos-, a través de las redes sociales, sobre estos dibujos que aparecieron como patrón, en todo el país, y durante gran parte de la jornada del sábado.
En las redes sociales también arreciaron videos y fotos que mostraban que en toda la argentina los «avioncitos comerciales» también repetían el dibujo. Tanto en la argentina como en nuestro país, llegaron a ser tres líneas dibujando en el cielo un mismo círculo.
Si aun pensás que se trata de avioncitos comerciales, por lo menos reconocerme que estamos ante un modelo novedoso de comportamiento de los estos aparatos.
No se trató de un hecho aislado, donde algún piloto debió maniobrar el aparato debido a algún percance; Se vio un patrón, aplicado de forma idéntica y sistemática, durante toda la jornada, en todo el país. Fue una forma de realizar una tarea que nada tiene que ver con un vuelo normal, común y corriente. torio radiactivo, uranio, entre otras cosillas más…