¿Fragilidad social o un despertar colectivo? Un análisis sobre cómo la deconstrucción de antiguos mandatos está transformando la forma de vincularnos y por qué lo que parece queja es, en realidad, salud.
El análisis de las dinámicas sociales actuales suele centrarse en la percepción de que existe una mayor susceptibilidad general ante situaciones que antes se toleraban. Sin embargo, al observar este fenómeno con mayor profundidad, se evidencia que no se trata de un aumento en la fragilidad, sino de un proceso colectivo orientado al fin de la normalización del malestar.
Durante generaciones, muchas estructuras familiares y sociales se sostuvieron sobre la base del silencio. Se normalizó, por ejemplo, que en el hogar la mujer asumiera un rol de sometimiento, aceptación ciega y postergación de sus propios proyectos frente a mandatos machistas arraigados. Se creció bajo la premisa de que ciertas conductas debían aceptarse simplemente por tradición, midiendo el valor de una persona por su capacidad de soportar en silencio.
En la actualidad, existe un quiebre en esa inercia. Diversos sectores, de manera muy marcada las mujeres y las nuevas generaciones —incluidos los adolescentes—, llevan adelante una profunda revisión de estos aprendizajes.
Cuando una mujer decide no aceptar un trato que la minimiza, o cuando un joven cuestiona dinámicas familiares o educativas que anulan su voz, no se actúa desde una queja vacía. Se produce una ruptura con moldes de convivencia que dejaron de ser sostenibles. Este proceso implica la deconstrucción de un pensamiento que, por mucho tiempo, equiparó la obediencia con el respeto y el aguante con la fortaleza.
Es previsible que esta transformación genere incomodidad. El cambio en reglas automáticas y arraigadas suele percibirse como un conflicto cuando, en realidad, constituye una búsqueda de equidad. La alternativa a este cuestionamiento no es una sociedad más fuerte, sino una comunidad anestesiada ante sus propias realidades.
Aprender a poner límites, nombrar lo que resulta injusto y exigir espacios de escucha mutua no debilita los lazos sociales; los vuelve más conscientes. El verdadero desafío actual consiste en avanzar hacia la construcción de nuevos vínculos basados en el respeto real, donde la palabra y la dignidad de cada persona tengan el mismo valor.
Licenciada en Psicología Claudia Rivero
Publicado en Constitución AHORA Noticias (https://www.facebook.com/ConstitucionAhoraNoticias)