Juan Chúa: el desconocido legado indígena
La comunidad de Villa Constitución (Salto-Uruguay) se debe un estudio profundo y serio de su pasado. Casi no existen registros de los acontecimientos que marcaron la conformación de nuestra historia, de la incorporación de los servicios cuyas llegadas significaron mejoras sustanciales en la calidad de vida de nuestros antepasados, tampoco de la ejecución de las obras importantes, ni de la vida de fundadores de la localidad o de los primeros pobladores. Lamentablemente a medida que pasa el tiempo más información perdemos, dado que no hemos registrado la memoria de nuestros mayores y, al parecer, cada vez somos un poco más indiferentes a nuestros orígenes. Cabría preguntarse, aun reconociendo esas carencias de fuentes informativas, cuánto le enseñamos a nuestros niños y jóvenes del pasado del pueblo, cuánto se hace en tal sentido desde los centros de estudio locales y qué han hecho los gobiernos locales en esta materia.
Juan Chúa es uno de esos personajes cuya vida resultaría interesante conocer en profundidad.
La tradición oral, excepcionalmente transformada en documento escrito, lo recuerda como el último cacique de la tribu Guenoa. Tan contundente afirmación nos provoca una serie de interrogantes que, por ahora, no podemos responder. ¿Realmente fue Juan un cacique o sólo un descendiente de indígenas? Si fue jefe de un grupo, ¿cuál fue el destino de su gente?; ¿dónde están sus descendientes?; ¿en qué momento, en qué lugar y en qué condiciones se produjo la disolución del grupo que condujo? ¿Él mismo se atribuyó tal condición, de cacique? Si así fuera, ¿con qué sentido? Y la lista de preguntas podría seguir. Cuando sumergió en su amado rio por última vez se llevó la historia y nos dejó leyenda, se llevó la verdad de su vida encantadora y ha hecho despertar nuestra imaginación, que muy probablemente agregue ribetes sobresalientes a la vida simple de un paisano o, por el contrario, ¿y por qué no?, puede que cometamos el error de no atribuirle al líder la dimensión correcta.
Reconociendo lo difícil que resulta componer una imagen certera del personaje, pero inspirados en la necesidad que compartimos como comunidad de conocernos un poco más, es que nos proponemos la tarea de descubrir a “nuestro cacique”.
¿Villense?
No existe, o al menos hasta el momento no se ha hallado, algún documento que certifique su lugar y fecha de nacimiento, tampoco sus descendientes poseen ese dato. Nos queda una afirmación que se ha repetido de generación en generación por quienes lo conocieron y por sus descendientes que aparece como la única respuesta a la pregunta sobre su origen: Juan Chùa vivió toda su vida en Constitución.
Según se expresa en una recopilación de datos históricos sobre nuestro pueblo que obra en poder del Municipio, Chúa habría sido el conductor de un grupo de indígenas que vivió en las islas que se encontraban frente al pueblo, en las aguas del río Uruguay, en un paisaje que quedó ahogado en el lago, como consecuencia de la construcción de la represa de Salto Grande El material no aporta más información respecto a ese grupo pero sí nos permite alguna ubicación cronológica en tanto asegura que el colectivo ya estaba allí cuando el 11 de julio de 1852 el presidente Juan Francisco Giró promulgó la ley que determinó la fundación de Constitución.
Podríamos pensar que el resto de ese grupo de indígenas, tal como sucedió con Chúa, cambió su forma de vida y se hizo parte de la naciente comunidad. Otros podrían haber cruzado hacia el lado argentino o haber buscado refugio en tierras un poco más lejanas. Pero, estas ideas no trasciender del plano de lo hipotético.
Solitario y afín al silencio
Básicamente, nuestras fuentes de consulta son ese material que guarda el Municipio y algunos escasos recortes de diarios amarillentos a los que el propio paso del tiempo les ha quitado algún trocito o lastimado en los dobleces. Tan recortes son que carecen del nombre del diario y la fecha de la publicación. Pero, aun con esas limitaciones, los documentos están, tienen algo de la información que buscamos y por ello cobran un gran valor.
Quienes conocieron a Chúa lo describieron como “un hombre bajo, algo grueso y de pequeños ojos”. Su vestimenta consistía en chiripá y bombacha larga.
Vicenta Chúa de Pérez, una de sus 11 hijos, en una entrevista que concedió a un diario salteño sobre finales de la década de 1970 recordó los aspectos más destacados de la personalidad de su padre. Confirmó que en el pueblo todos lo reconocían como el último cacique de los guenoas y lo definió como un hombre “muy solitario y taciturno”, de «muy pocas palabras. Si lo hablaban, hablaba. Si no, prefería concentrarse en sus pensamientos”.
Pasaba largas horas mateando junto al fuego, sin decir palabra, sin hacer ningún gesto. Los diálogos con sus hijos eran muy poco frecuentes y según los recuerdos de Vicenta, también hablaba poco con su mujer. Quizás por eso es que varias décadas después su hija lo recordaba por “su cara dura como piedra y ojos impenetrables”
De todas formas, “el cacique” se daba alguna oportunidad para la vida social. “De vez en cuando se daba una vuelta por el almacén de Juan Chigaian y Alzuaga” donde siempre recibía la invitación de alguna copa, cosa que “le gustaba mucho”. Vicenta destaca que su progenitor “no era un hombre pendenciero” y que más allá de su carácter rudo “nunca nos tocó, ni nos dijo nada”.
Uno con el río
Fue conocido, valorado y respetado como un muy hábil nadador, conocedor de la geografía de la zona y de la flora autóctona. Otros testimonios agregan que se destacó como quinchador, capacidad que le permitía reiteradas changas. Según la tradición oral, cruzaba el río a nado hacia la margen argentina con velocidad asombrosa y lo hacía, de ser necesario, varias veces al día. Además del servicio que brindó a sus vecinos llevando y trayendo mensajes y mercaderías, cuentan que esa habilidad le sirvió para traer a la mujer argentina que fue su compañera de toda la vida. Ella fue Hilaria o Liara (aparece señalada con ambos nombres) González.
Chúa actuaba como vínculo entre las comunidades de Federación y Constitución, que según parece tenían hace un siglo un acercamiento que hoy no se ha logrado. Por ejemplo, era común que en tiempos de revueltas los hombres huyesen al otro lado del rio para no verse envueltos en los riesgos de los enfrentamientos. El guenoa los mantenía unidos, transportaba noticias, mensajes, elementos varios o dinero. Los relatos afirman que había tallado en madera de ceibo una especie de cajita en cuyo interior colocaba la plata y ataba la caja a su cabeza, cuidando que el valor no se mojase. Los entendidos destacan la capacidad física del nadador, capaz de cruzar varias veces el cauce aun cuando para llegar a Federación debía desafiar la corriente.
Vicenta agregó un dato pintoresco sobre la forma de nadar de su papá: “nadaba distinto que ahora, solamente se le veía la cabeza en el agua”.
Baqueano, sin distinción de colores
Es cierto, esta información no tiene la rigurosidad esperable, pero tiene el valor de acercarnos a un villense que, de esto no habría dudas, de alguna manera cautivó a sus contemporáneos y sigue despertando nuestra curiosidad.
A partir de lo anecdótico podemos empezar a componer una idea sobre su forma de ser, de vivir, de entender la vida. Es interesante lo que se cuenta sobre la actitud que mostró Chúa en la guerra de 1904, que enfrentó al ejército del Estado, en el gobierno de Batlle y Ordoñez, con las fuerzas revolucionarias que condujo el caudillo blanco Aparicio Saravia. Se dice que el cacique actuó como asador y/o como baqueano ante miembros de ambos bandos, sin que le importara los intereses que representaba uno y otro. Aseguran que esa conducta se explica porque en su forma de ver la vida no cabía la posibilidad de tener que tomar partido por un bando u otro, aun cuando entendiera la situación de tensión que atravesaba el país y quizás también sus causas.
Murió como vivió
Vicenta Chúa relató que su papá murió en el rio entre 1916 y 1917, siendo ya un anciano. Como lo hizo durante toda su vida, con los primeros rayos del sol como testigos, entró a las aguas del paterno, como llaman los sanduceros al rio Uruguay, pero esta vez no salió. Su cuerpo fue hallado sobre una piedra en una de las islas frente al pueblo.
Los Guenoas
Los guenoas, güenoas, guaynoas, guinoas, guinoanes o guayantiranes, fue una parcialidad del pueblo indígena charrúa. No suele distinguirse de la parcialidad minuán excepto por su distribución geográfica. Ambos grupos son conocidos en conjunto como guinuanes, de acuerdo con varias fuentes históricas del siglo XVIII. Al momento de la llegada de los conquistadores españoles al Río de la Plata, los guenoas se encontraban en la Banda Oriental del Río Uruguay, al norte del río Arapey y en el estado de Río Grande del Sur en el sur de Brasil. Uno de sus principales lugares sagrados se hallaba en el cerro Ibití, sobre el río Arapey. Un cementerio guenoa se hallaba en el cerro Yauguá, sobre el Río Negro. Charrúas y minuanes, se dice que también bohanes y guenoas, con sus formas de vida primitivas y sencillas recorrieron en todos los sentidos esta agreste y fértil región.
La imagen destacada sería la única foto de Juan Chúa, sin que haya detalles sobre la toma.